The Iguazú Lady, por Fernanda Sancho

The Iguazú Lady

 

Busqué mi vínculo líquido, acuífero, transparente, fluido, y nada me conectó con nada.

Pampa yerma por diques ajenos busco en mi desierto y en el viento, en los resquicios donde podría haber entrado.

Me gusta el agua, su fuerza destructiva de tsunami arrasador y su indispensabilidad para los seres vivos.

Me gusta cuando corre arroyita o ría.

Me gusta de mar templada sosteniéndome con su densidades de sal.

Me gusta hirviendo en la bañera, helada en los lagos del sur y tibia para beberla.

Me gusta dura de hielo en mi trago amigo.

Me gusta vaporosa en la selva húmeda y en la ciudad que muchos odian por su culpa.

Me gusta bailando con las olas contra los juncos del Delta haciendo destellitos dorados al atardecer.

Me gusta salpicándome los hombros con lluvia de verano como un cosquilleo suave, fresco e irreverente.

Me gusta garuada en la cara como de spa urbano mientras voy en bicicleta y le invento una canción.

Me gusta cuando me da risa en vez de furia estar bañada en charco sucio y reconocerle otra vez sus superpoderes.

¿Será esa alta participación suya en la composición de nuestros cuerpos la fuente de nuestros superpoderes también?

Someone cry someone spit y unos lloran y otros escupen.

El agua es mujer, el agua se siente por dentro y por fuera, el agua se ve, el agua se cuela en las grietas y cuando no es el lugar correcto hace doler, ahoga, hiela, pudre.

Pura no huele, combinada puede ser perfume, meada, cloro.

Y un vaso de agua no se le niega a nadie y es excelente como conductora de electricidad y ahí estuve 9 meses adentro de un vientre para vivir y ahí iría a saltar a una garganta para morir en menos de 9 segundos [espero-spray].

 

Fernanda Sancho

Una vez, como a los 8, escribí algo y se lo leí a los grandes. Recuerdo sus risas y yo no quería ser graciosa.