Vos, por C. B.

Naciste un 8 de marzo, tu vida la pasaste en el barrio de Mataderos. Te casaste y tuviste tres hijos: Jorge, Teresita y Susana.

En 1995, cuando tu marido estaba internado por un cáncer, te enteraste de que una de tus hijas me iba tener. Ella no te había dicho nada.

En el 2000, sufriste de un ACV, que hizo que quedaras hasta el 2018 en cama.

Comencé a tener conciencia de lo que pasaba a los cuatro o cinco años. Yo iba todos los sábados a verte, entraba detrás de mi mamá, tu hija. Ella me hacía upa y me acercaba para que te diera un beso. No sé si te enterabas, no podías hablar, ni moverte. El ambiente en tu casa no era agradable, demasiado frío y oscuro. Aunque mi tía abriera las ventanas y dejara entrar la luz, no era lo mismo.

Más de una vez, Teresita llamaba a Susana y le decía “Mamá no está bien, llamá a la emergencia”. Todos creíamos que era la hora. Mi mamá se iba a las apuradas hacia Mataderos para verte, pero cuando llegaba ya te sentías mejor. Eras un ave fénix, podías ponerte mal y a la hora, volvía todo a la normalidad.

Hace unos años, vi un vídeo del día en que nací. Hacía como cuarenta grados, vos me tenías a upa y en un momento le dijiste a tu hija: “¿No tendrá calor?”. Yo no paraba de llorar. Esa fue la única vez que escuché tu voz.

Nunca supe qué hacías conmigo. ¿Qué me preparabas cuando era chica, a qué jugábamos, cómo eran las navidades en esos momentos?

Ya siendo más grande, probaba mirarte directo a los ojos, pero muy pocas veces mantuviste la mirada fija en mí. Llegué a agarrarte la mano, y cuando en una ocasión no me la soltaste, me sorprendí.

En el 2018, te internaron de urgencias, y te hice una sola visita, me pareció demasiado fuerte verte conectada a un montón de aparatos. A los meses, creo que en junio, llamaron del hospital a tu hija mayor, Teresita, y le dijeron que habías fallecido. Ella llamó a mi mamá y con papá se fueron al hospital. Yo me quedé en casa, en ese momento no lloré, pero acepté de una vez por todas que el momento era ése y que sí o sí tenía que suceder.

Lloré al verte en el cajón, ahí, tan quieta, sin expresión alguna. De vez en cuando, trataba de acercarme a verte, pero mi hermana no me lo permitía.

Y es hasta el día de hoy que me pregunto si nos estás viendo a todos desde algún lado o si ya no existe nada más después de la muerte, solo el sueño profundo.

 

C. B.

Me considero una persona bibliofílica y ailurofílica. Introvertida. Amo el olor de los libros. ¿Un día ideal para mí? Lluvia + un libro + un café o té y, por supuesto, no puede faltar la compañía de mi gato.

 

 

Publicado por

Lengua de lava

Lecturas y escrituras desde el magma de la experiencia