Flotario, por Belén Bos

Flotario

Estoy flotando afuera de mi cuerpo, afuera de este planeta. Soy liviana, redonda, expansiva. Estoy vibrando naranja y violeta, puedo cambiar de color. La sensación es de querer quedarme acá para siempre. Podría estar así por miles de años. Flotando y sintiendo la calma absoluta del espacio.

De repente una fuerza extraña me lleva por un tobogán infinito, viajo a la velocidad de la luz y me zambullo en un espacio líquido, subacuático. Acá también estoy flotando. Me expando y me hago chiquita. Empiezo a latir. En este momento no puedo hacer otra cosa que existir, estar acá, esperando y alimentándome. Horneándome de a poco. Me aburro.

Todo a mi alrededor es rosado y suena a burbujas. Estoy zambullida en la panza de mamá. No sé bien en qué momento me vuelvo traslúcida, transparente, anfibia, pero todo es más divertido desde que tengo cuerpo.

Lo que pasa acá adentro es fascinante. Puedo nadar, estirarme, flotar, oler, tocar. No hay nada mejor que sentir mi piel a través del agua, abrir los brazos y las piernas, sacar la lengua, reírme y apretar los ojos hasta volverme china.

Escuchar la música que suena de fondo me da ganas de moverme con locura, hay un tema que mamá pone todo el tiempo, me gusta tanto que quisiera escucharlo para siempre en loop, que sea el soundtrack de mi vida futura afuera de la panza.  

Me gusta cuando mamá nada en el mar helado, el agua fría me eriza la piel, y odio cuando se lava los dientes porque se me revuelve la panza. Adoro el olor a jazmín y a pileta de verano. El morrón y el chocolate en rama. También me gusta pasear en auto y escuchar a mi abuela cantar.

Me estoy haciendo grande. Estoy algo incómoda acá adentro. Puedo crecer ilimitadamente y siento que este espacio apenas puede sostenerme. Por momentos me dan ganas de salir.

Me gusta enterarme lo que pasa afuera. Espiar las charlas de los demás, escuchar los secretos que susurran. Mi superpoder es estar en todos lados sin que nadie me vea.  

Estamos en la playa con mamá. Puedo sentir la arena y la espuma del agua revuelta en sus pies, su piel erizada, sus manos en la panza. Sé que falta poco para tocarla, olerla, escucharla. Muero de ganas de revolver sus rulos con mis dedos.

De lejos escucho el viento y la voz de papá que conversa con mamá. Quiero salir. No tengo miedo. Me intriga el mundo exterior. Quiero encontrármelos, aunque ya los conozco de antes. Los elegí para que me acompañen a crecer afuera de la panza hasta volver a viajar por el tobogán a algún lugar infinito. Y latir en otras galaxias, y en otras panzas que cambian de colores y flotan por miles de años.

Publicado por

Lengua de lava

Lecturas y escrituras desde el magma de la experiencia