Lengua nocturna

El 17 de agosto empieza la segunda edición de Lengua nocturna. Podés anotarte en lenguadelava@gmail.com

lengua nocturna

¿De qué se trata Lengua nocturna?

“¿Para qué son los días? Para despertarnos, para ponerlos entre noches sin fin. ¿Para qué son las noches? Para atravesar el tiempo hacia otro mundo.” Laurie Anderson

Lengua nocturna es un taller de exploración creativa desde el mundo onírico y las experiencias de la noche.

Los rituales nocturnos, los sueños, el mundo oracular, el arte surrealista y hasta el insomnio serán nuestras pistas y señales para ver, pensar, sentir y escribir con el corazón en duermevela.

Llevaremos un diario nocturno y recorreremos la obra de artistas que exploraron el mundo de la noche para nutrir nuestra producción creativa.

*No es necesario tener experiencia previa con la escritura para anotarse al taller 😉

¿Qué incluye Lengua nocturna?

    • 6 semanas de taller online.
    • 4 encuentros vía zoom los lunes 17 y 31 de agosto y 14 y 21 de septiembre de 18:30 a 20:00 en horario argentino.
    • Propuestas de escritura y ejercicios de creatividad semanales.
    • Una selección de materiales de inspiración con lecturas, ensayos, videos, pinturas, fotomontajes y más.

¿Quiénes lo coordinan?

Lengua de lava lo coordinamos Emilia Cortina @emicortina y Bárbara Duhau @barduhau, comunicadoras, docentes y fans de los recovecos de la lectura, la escritura, el arte y la creatividad.

¿Cuándo empieza?

Arrancamos el 17/08 así que tenés unos días para pensar, preguntar, dudar, confiar y anotarte. Descargá desde acá el programa de Lengua nocturna para que te saques todas las dudas. También podés entrar a nuestra web www.lenguadelava.com y seguirnos en Instagram: instagram.com/lengua.de.lava

¿Qué dicen los participantes de otros talleres de Lengua de lava?

“Del taller me llevo un montón de textos, muchos autores, mucha inspiración y producción propia. Aprendí a generarme espacio y tiempo para escribir y poner en palabras sensaciones, emociones, ideas. ¡Fue todo muy genial! Las coordinadoras acompañándonos e inspirándonos en el proceso, una selección de temáticas y zonas textuales perfectamente pensadas que fueron encastrando como piezas de rompecabezas, y una dosis perfecta de libertad para expresarnos y fluir con los estímulos que nos fueron compartiendo.” Belén Bos

“Este taller me reconectó con la alegría de escribir. Las lecturas y consignas me hicieron viajar por mi vida, me empujaron a escribir de y desde mi experiencia. Después de mucho tiempo queriendo contar historias ajenas, me encuentro en donde alguna vez supe estar: haciendo carne o palabras mi experiencia en este mundo.” Felicitas Martínez Vivot

“Aprendí muchísimo de la escucha atenta de mis compañeras, de sus estilos, de los temas que más las conmovían, sus recursos literarios, la construcción de imágenes. Siempre fue interesantísimo el espacio de intercambio y devoluciones. Y con los comentarios y sugerencias de Bárbara y Emilia, conocí autores y autoras nuevas para mí, textos que me gustaron mucho en cuanto a la forma de narrar.” Gabriel Diosques

”Durante el taller, logré ganar confianza al escribir. Con la bitácora pude adquirir fluidez y escribir sobre la nada o lo que me estaba pasando. Los temas fueron sumamente disparadores y no solo me permitieron escribir desde mi experiencia personal sino que pude hacer catarsis y escribir sobre situaciones complicadas que no había podido poner en palabras en su momento. En este sentido, el espacio fue liberador y necesario. Creo que fue una reconciliación conmigo misma y con la escritura.” María Laura Garateche

¿Cuánto sale el taller?

Para residentes en Argentina: $2500, vía transferencia bancaria.

Para residentes en el resto del mundo: USD45, vía PayPal (con todas las tarjetas).

¿Dónde me anoto?

Podés escribir un mail a lenguadelava@gmail.com o completar el formulario que está acá

¡Te esperamos!

Bárbara y Emilia

Lengua de lava online

El 13 de abril empieza la segunda edición online de Lengua de lava. Podés anotarte en lenguadelava@gmail.com

lengua virtual 2020

¿De qué se trata Lengua de lava?

Lengua de lava es un taller de lectura y escritura desde el magma de la experiencia

Te equipamos con una caja de herramientas con rutinas y hábitos de escritura para que te sea cada vez más fácil soltar la lengua y te acompañamos a bucear en tu intimidad de una manera amorosa, paciente y pensada, con películas, libros, poemas y relatos de autores de todo el mundo para que se muevan tus placas tectónicas y empiece a brotar eso que está adentro tuyo.

¿Qué incluye Lengua de lava?

  • 6 semanas de taller en un entorno virtual.
  • 3 zonas textuales con una selección de lecturas ficcionales y no ficcionales, poemas, ensayos y videos.
  • Propuestas de escritura semanales.
  • 4 encuentros online vía zoom 4 lunes de abril y mayo de 18:30 a 20 en horario argentino.

¿Quiénes lo coordinan?

Lengua de lava lo coordinamos Emilia Cortina @emicortina y Bárbara Duhau @barduhau, comunicadoras, docentes y fans de los recovecos de la lectura y la escritura.

¿Cuándo empieza?

Arrancamos el 13/04 así que tenés unos días para pensar, preguntar, dudar, confiar y anotarte. Descargá desde acá el programa de Lengua de lava online para que te saques todas las dudas. También podés entrar a nuestra web www.lenguadelava.com y seguirnos en Instagram: instagram.com/lengua.de.lava

¿Qué dicen los participantes de Lengua de lava?

“Del taller me llevo un montón de textos, muchos autores, mucha inspiración y producción propia. Aprendí a generarme espacio y tiempo para escribir y poner en palabras sensaciones, emociones, ideas. ¡Fue todo muy genial! Las coordinadoras acompañándonos e inspirándonos en el proceso, una selección de temáticas y zonas textuales perfectamente pensadas que fueron encastrando como piezas de rompecabezas, y una dosis perfecta de libertad para expresarnos y fluir con los estímulos que nos fueron compartiendo.” Belén Bos

“Este taller me reconectó con la alegría de escribir. Las lecturas y consignas me hicieron viajar por mi vida, me empujaron a escribir de y desde mi experiencia. Después de mucho tiempo queriendo contar historias ajenas, me encuentro en donde alguna vez supe estar: haciendo carne o palabras mi experiencia en este mundo.” Felicitas Martínez Vivot

“Aprendí muchísimo de la escucha atenta de mis compañeras, de sus estilos, de los temas que más las conmovían, sus recursos literarios, la construcción de imágenes. Siempre fue interesantísimo el espacio de intercambio y devoluciones. Y con los comentarios y sugerencias de Bárbara y Emilia, conocí autores y autoras nuevas para mí, textos que me gustaron mucho en cuanto a la forma de narrar.” Gabriel Diosques

”Durante el taller, logré ganar confianza al escribir. Con la bitácora pude adquirir fluidez y escribir sobre la nada o lo que me estaba pasando. Los temas fueron sumamente disparadores y no solo me permitieron escribir desde mi experiencia personal sino que pude hacer catarsis y escribir sobre situaciones complicadas que no había podido poner en palabras en su momento. En este sentido, el espacio fue liberador y necesario. Creo que fue una reconciliación conmigo misma y con la escritura.” María Laura Garateche

¿Cuánto sale el taller?

Para residentes en Argentina: $2200, vía transferencia bancaria.

Para residentes en el resto del mundo: USD40, vía PayPal (con todas las tarjetas).

¿Dónde me anoto?

Podés escribir un mail a lenguadelava@gmail.com o completar el formulario que está acá

¡Te esperamos!

Bárbara y Emilia

 

Lengua de viaje, taller virtual

INSCRIPCIONES ABIERTAS: INICIA EL 3 DE JULIO

Lengua de viaje es la versión viajera y virtual de Lengua de lava, un taller de lectura y escritura para hacer surgir materia desde nuestras profundidades y moldearla hasta convertirla en roca firme donde pararnos para volver a mirar(nos).

Lengua de viaje flyer

Está pensado para quienes quieran ahondar en su experiencia vital y corporal como manantial creativo.

El objetivo será explorar, registrar y repensar nuestras experiencias por medio de prácticas de escritura y de lectura que funcionen como vías para el descubrimiento y la transformación personal.

Alentaremos hábitos que nos permitan sostener la escritura a lo largo del tiempo y buscaremos inspiración en el movimiento para conectarnos con nuestro espíritu viajero (sobre todo el imaginario).

DESCARGÁ ACÁ EL PROGRAMA

 

¿Qué incluye Lengua de viaje?

– 5 semanas de taller en un entorno virtual.
– 4 zonas textuales con una selección de lecturas ficcionales y no ficcionales, poemas, ensayos y videos.
– Propuestas de escritura semanales.
– 1 hangout de intercambio en vivo.
– Acompañamiento virtual continuo durante todo el mes de julio.

DESCARGÁ ACÁ EL PROGRAMA

Iniciamos el 3 de julio. Inscribite en lenguadelava@gmail.com

Costo total del taller: $1200.
Se reserva el cupo con $600, por transferencia bancaria.

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Ejes temáticos

El eje transversal de lengua de viaje será el recorrido a través de 4 zonas textuales:

1. Salir y quedarse
Escrituras de viaje y de espera.
Diarios, bitácoras, postales y cartas.

2. Vacacionismo
Hábitos de viaje.
Rutinas e imprevistos.
Hoteles, aeropuertos, micros, no-lugares.

3. Rituales de agua
Escrituras en estado líquido.
Estanques, piletas, mar, lluvia y lágrimas.

4. Amores de verano
Escrituras de amor y amistad.
Excesos de días, pegoteos fugaces, sexos calientes y encuentros sinceros.

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Ver, leer y escribir

Para inspirar y potenciar la escritura desde la experiencia vamos a ver y leer:

Al Alvarez, Felix Bruzzone, Fabián Casas, Esteban Castromán, Magalí Etchebarne, Camila Fabbri, Hebe Uhart, Lucrecia Martel, Adriana Lestido, Clarice Lispector, Samantha Schweblin, Alan Pauls, Mori Ponsowy, Lucía Puenzo, Liliana Villanueva, Adam Wolniewicz, Gabriela Wiener y más.

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Coordinan

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Domingos, por Nancy Miranda

El camino recorrido durante los domingos

del 2005 al 2006,

estuvo determinado por colectivo 85, cartel G,

que me llevaba desde Caballito hasta Avellaneda.

 

No sabía cómo mover la lengua,

cuando estaba frente a él.

Mi cuerpo se tensaba, pero igual iba

porque tuvo un accidente cerebrovascular.

 

Habían pasado diez o quince años

sin encontrarnos como hacen las familias.

Tuve enojo, pereza, miedo, orgullo

Me asombró descubrir que me esperaba cada domingo.

 

En la merienda solo tomábamos mate cocido,

le limaba las uñas y le encremaba las manos.

Estábamos tristes, recorríamos la impotencia.

Los silencios larguísimos se hicieron aliados nuestros.

 

Un día sin controlar mi esfínter bucal

le pregunté, ¿me querés?

Claro que sí, ¿y vos a mí?

El corazón se me abrió, comprendí toda mi vida.

 

Me avisaron por teléfono: tu papá se murió,

y volví a enmudecer por muchas horas.

Un velorio es un lugar donde las mezquindades desfilan

por suerte existen esos amigos que brillan y te abrazan.

 

Me puse mi mejor ropa para despedirlo,

y le di un beso en la frente cuando no hubo gente.

Una amiga me dijo: te re-pareces a tu viejo,

en el corte de la cara, en los pómulos, en las órbitas de los ojos.

 

Asumí mi rol de hija mayor, fui la anfitriona de la noche

y le contaba chistes morbosos a Fernanda.

Estuvo mi hermano, vinieron los compañeros de trabajo,

fue la última vez que vi a mi ahijada.

 

Lo despedimos como un rey.

Mi hermana nunca quiso verlo en el cajón.

Cuando llegó otro domingo, enfermé una semana

me tapé con la sábana y lloré sin parar

hasta la depresión.

 

 

Nancy Miranda

Cuando escribo, me viralizo como una trapecista de sueños/ una políglota del amor/ una maga de lo invisible/ también como una entrenadora de la escucha/ una poeta con un paraguas amarillo, a la que en los días de lluvia las palabras le salen por los dedos.

 

 

Lengua de lava, tercera edición

El 7 de agosto empieza la tercera edición de Lengua de lava. Podés anotarte en lenguadelava@gmail.com

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¿De qué se trata Lengua de lava?

Lengua de lava es un taller de lectura y escritura desde el magma de la experiencia

Te equipamos con una caja de herramientas con rutinas y hábitos de escritura para que te sea cada vez más fácil soltar la lengua y te acompañamos a bucear en tu intimidad de una manera amorosa, paciente y pensada, con películas, libros, poemas y relatos de autores de todo el mundo para que se muevan tus placas tectónicas y empiece a brotar eso que está adentro tuyo.

¿Cuánto dura?

Dos meses de encuentros quincenales de escritura los miércoles de 19 a 21 en Palermo, y la posibilidad de tener un tercer mes solo para vos, con un seguimiento personalizado para expandir el proyecto final de escritura que haya surgido durante el taller. En las semanas intermedias, nos encontramos en un espacio virtual, y además te damos una bitácora en papel que te acompaña durante todo el proceso de trabajo.

¿Quiénes lo coordinan?

Lengua de lava lo coordinamos Emilia Cortina @emicortina y Bárbara Duhau @barduhau, comunicadoras, docentes y fans de los recovecos de la lectura y la escritura.

¿Cuándo empieza?

Arrancamos el 7/8 así que tenés unos días para pensar, preguntar, dudar, confiar y anotarte. Descargá desde acá el programa de Lengua de lava 2019 para que te saques todas las dudas. También podés entrar a nuestra web www.lenguadelava.com y seguirnos en Instagram: instagram.com/lengua.de.lava

¿Qué dicen los participantes de la primera edición de Lengua de lava?

“Del taller me llevo un montón de textos, muchos autores, mucha inspiración y producción propia. Aprendí a generarme espacio y tiempo para escribir y poner en palabras sensaciones, emociones, ideas. ¡Fue todo muy genial! Las coordinadoras acompañándonos e inspirándonos en el proceso, una selección de temáticas y zonas textuales perfectamente pensadas que fueron encastrando como piezas de rompecabezas, y una dosis perfecta de libertad para expresarnos y fluir con los estímulos que nos fueron compartiendo.” Belén Bos

“Este taller me reconectó con la alegría de escribir. Las lecturas y consignas me hicieron viajar por mi vida, me empujaron a escribir de y desde mi experiencia. Después de mucho tiempo queriendo contar historias ajenas, me encuentro en donde alguna vez supe estar: haciendo carne o palabras mi experiencia en este mundo.” Felicitas Martínez Vivot

“Aprendí muchísimo de la escucha atenta de mis compañeras, de sus estilos, de los temas que más las conmovían, sus recursos literarios, la construcción de imágenes. Siempre fue interesantísimo el espacio de intercambio y devoluciones. Y con los comentarios y sugerencias de Bárbara y Emilia, conocí autores y autoras nuevas para mí, textos que me gustaron mucho en cuanto a la forma de narrar.” Gabriel Diosques

”Durante el taller, logré ganar confianza al escribir. Con la bitácora pude adquirir fluidez y escribir sobre la nada o lo que me estaba pasando. Los temas fueron sumamente disparadores y no solo me permitieron escribir desde mi experiencia personal sino que pude hacer catarsis y escribir sobre situaciones complicadas que no había podido poner en palabras en su momento. En este sentido, el espacio fue liberador y necesario. Creo que fue una reconciliación conmigo misma y con la escritura.” María Laura Garateche

¿Cuánto sale el taller?

$2200 pesos por mes. Incluye materiales de trabajo, merienda / picada y una bitácora de escritura.

¿Dónde me anoto?

Podés escribir un mail a lenguadelava@gmail.com o completar el formulario que está acá

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¡Te esperamos!

Bárbara y Emilia

 

Paloma, por María Laura Garateche

Ahí estabas, durmiendo adentro de una cajita transparente con agujeros por los que podía pasar mi mano para acariciar tus venas maltratadas. Yo, sentada a tu lado, procesaba ese cuadro que no pude pronunciar por mucho tiempo. Esperaba abrir los ojos y que todo fuera una pesadilla. Volver a la plenitud de tu nacimiento, a ese contacto cuerpo a cuerpo, piel con piel, lleno de miradas, caricias, olores, que nos habían robado.

Ahí seguía yo, esperando que eso que te había dejado inmóvil, en la profundidad de tus sueños, se esfumara completamente. Lo que hizo que nada te aqueje, que no sientas los constantes pinchazos, que no llores por el baño a la mañana temprano, que no te moleste que te acunen brazos extraños. Sumergida dentro de esa cajita transparente, en ese lugar donde aprendí que el dolor y la esperanza conviven, pero que también a veces predomina uno u otro.

Mis tetas llegaron a ese lugar endurecidas como dos rocas de leche solidificadas. Tuve que vaciarlas mecánicamente para que pudieran darte mi leche a través de ese tubito diminuto de plástico con el cual te alimentaban. La angustia no me permitió volver a llenarlas y quedaron así, vacías, como yo, esperándote.

Un día la enfermera te sacó de la cajita y pude tenerte en brazos. Creí que mi estado no podría darte la contención que necesitabas. Mi cuerpo autómata se había acostumbrado a estar ahí, al lado, esperando, con las tetas vacías y los ojos llenos de lágrimas. La enfermera me dijo que me abra la camisa para poder amamantarte. Tomé incrédula la teta con mis dedos para acercarla a tu boca. Vos seguías durmiendo en sueños. Pude ver tu rostro de frente y sentir la luminosidad de tu cara, esa paz que irradiabas a pesar de la lucha interna que libraba tu cuerpo por mantenerte latiendo.

Intenté presionar varias veces mi teta, hasta que una gota de leche cayó lentamente y se derramó sobre tu boca. Vi cómo la abrías tímidamente para tratar de alcanzarla. Tus ojos se mantuvieron cerrados. Mis lágrimas me recorrieron la cara hasta acariciar mi sonrisa. Ese fue tu primer movimiento, tu primera conexión con este lado del mundo, aquel que te esperaba mientras dormías en la cajita transparente, en ese lugar extraño y con personas extrañas, en ese, nuestro mundo, donde deberíamos haber sido solo vos y yo, Paloma.

 

Instantáneas de un verano formoseño, por Gabriel Diosques

La vuelta traía el aire nuevo de la tardecita, el sol había bajado casi por completo. Papá sostenía la bici desde atrás mientras me decía “dale, pedaleá”. Cada tanto sentía un silencio repentino seguido de un cuchicheo vanamente disimulado. “¿Vos me soltaste?”, le inquiría al viejo. El me decía que no. A medida que íbamos llegando a la entrada al pueblo, el viejo se iba sincerando y me alentaba, “dale, que ahí vas solo”.

Vi adelante el cartel de “El Colorado” y la flecha, y mis músculos memorizaron que debían olvidar la tensión. Apenas abandonada la ruta, se olía el aroma de la tierra recién mojada por el camión regador, el piso húmedo dibujaba un camino liso, estable y fresco para tomar velocidad. En ese momento, el viejo me frenó de golpe. “Vos andá adelante nuestro así los abuelos te ven llegar manejando a vos y les das la sorpresa”. Y así fue, los vi ya desde la otra cuadra, sentados en la esquina, hasta alcancé a divisar el mate de madera en tu mano, abuelo.

Viví esa llegada como una especie de entrada triunfal, me sentía como alguien importante a quien el pueblo recibe con alabanzas.  Había aprendido a andar en bici. Y había aprendido en El Colorado, en el pueblo del calor, de los mosquitos y las chicharras, de las cunetas. ¿Será por eso que te fuiste a vivir tan lejos, abuelo?

 

Esta postal forma parte de la crónica “Instantáneas de un verano formoseño”.

 

Gabriel Diosques

Cuando era chico me gustaba imaginar que podía volar, aunque siempre me asustaron las alturas.

Con el tiempo encontré en la escritura un par de alas, y vértigo del bueno. 

 

 

Vos, por C. B.

Naciste un 8 de marzo, tu vida la pasaste en el barrio de Mataderos. Te casaste y tuviste tres hijos: Jorge, Teresita y Susana.

En 1995, cuando tu marido estaba internado por un cáncer, te enteraste de que una de tus hijas me iba tener. Ella no te había dicho nada.

En el 2000, sufriste de un ACV, que hizo que quedaras hasta el 2018 en cama.

Comencé a tener conciencia de lo que pasaba a los cuatro o cinco años. Yo iba todos los sábados a verte, entraba detrás de mi mamá, tu hija. Ella me hacía upa y me acercaba para que te diera un beso. No sé si te enterabas, no podías hablar, ni moverte. El ambiente en tu casa no era agradable, demasiado frío y oscuro. Aunque mi tía abriera las ventanas y dejara entrar la luz, no era lo mismo.

Más de una vez, Teresita llamaba a Susana y le decía “Mamá no está bien, llamá a la emergencia”. Todos creíamos que era la hora. Mi mamá se iba a las apuradas hacia Mataderos para verte, pero cuando llegaba ya te sentías mejor. Eras un ave fénix, podías ponerte mal y a la hora, volvía todo a la normalidad.

Hace unos años, vi un vídeo del día en que nací. Hacía como cuarenta grados, vos me tenías a upa y en un momento le dijiste a tu hija: “¿No tendrá calor?”. Yo no paraba de llorar. Esa fue la única vez que escuché tu voz.

Nunca supe qué hacías conmigo. ¿Qué me preparabas cuando era chica, a qué jugábamos, cómo eran las navidades en esos momentos?

Ya siendo más grande, probaba mirarte directo a los ojos, pero muy pocas veces mantuviste la mirada fija en mí. Llegué a agarrarte la mano, y cuando en una ocasión no me la soltaste, me sorprendí.

En el 2018, te internaron de urgencias, y te hice una sola visita, me pareció demasiado fuerte verte conectada a un montón de aparatos. A los meses, creo que en junio, llamaron del hospital a tu hija mayor, Teresita, y le dijeron que habías fallecido. Ella llamó a mi mamá y con papá se fueron al hospital. Yo me quedé en casa, en ese momento no lloré, pero acepté de una vez por todas que el momento era ése y que sí o sí tenía que suceder.

Lloré al verte en el cajón, ahí, tan quieta, sin expresión alguna. De vez en cuando, trataba de acercarme a verte, pero mi hermana no me lo permitía.

Y es hasta el día de hoy que me pregunto si nos estás viendo a todos desde algún lado o si ya no existe nada más después de la muerte, solo el sueño profundo.

 

C. B.

Me considero una persona bibliofílica y ailurofílica. Introvertida. Amo el olor de los libros. ¿Un día ideal para mí? Lluvia + un libro + un café o té y, por supuesto, no puede faltar la compañía de mi gato.

 

 

El camino de lxs ángeles, por Tatiana Parodi

—Voy sola. En 6 min te vuelvo a escribir.

Con mis dedos temblorosos abandono la conversación en línea y enciendo el logo invertido de una gota de agua levemente perforada que rastrea mi ubicación.

Atravieso por la mitad la calle Santiago del Estero observando la tenebrosa desolación de las dos librerías de la esquina, el estado de abandono de la verdulería que tengo en frente y la contigua panadería. Sin embargo, la ventana de un kiosco enrejado ofrece un opaco destello de luz que contrasta con las calles enlutadas.

En este territorio de guerra regreso mi mirada a las puertas de la sombría facultad y confirmo mi miedo: seguiré sola, en el barrio de Constitución a las 23 hs. Un fantasma motorizado protesta por mi lento caminar y reboto al otro lado de la calle, como rana que saltando escapa del agua hirviendo.

—La oferta académica tiene la culpa —pienso.

Sobre la calle Carlos Calvo el fuerte viento desnuda los desnutridos huesos de los árboles, provocando una lluvia de hojas amarillentas en el suelo agrietado. Observo como en la pared blanca una sombra alta y ancha consume la mía y al escuchar unos pasos cansados pero apresurados por alcanzarme, vuelvo a brincar; ahora como una miedosa rana que acepta su destino en una circunferencia que arde.

—Jesucristo, cúbreme con tu bendito manto y séllame con tu preciosa sangre —grito mentalmente.

Camino rápidamente hasta llegar al roto vidrio espejado de la puerta curuba envejecida que generalmente evito para no desafiar la suerte. Giro la cabeza  y detallo en el reflejo al hombre alto y gordo que con la mano derecha en el bolsillo cruza hacia la vereda de enfrente. Él devuelve una mirada triste y esa superficie de cristal se rasga profundamente; parece haber reconocido mi miedo.

Un pañuelo verde se asoma por su espalda.

—Sí, 2 de 4. Creo que voy a recuperatorio —confirma gritando.

Sigo al hombre con cara de estudiante de sociología. Él camina rápido y para alcanzarlo tengo que ir trotando. Continúa caminando por Carlos Calvo y yo doblo a la izquierda de la calle Carlos Pellegrini.

Me culpo por ser una sedentaria con piernas cortas y gordas susurro con la respiración entrecortada.

Encima de las baldosas contaminadas de la monstruosa avenida se dibuja el contorno de una mujer. Pretendo regresar mi mirada a un local de antigüedades y ahí está ella, convirtiéndome en su ángel del pañuelo verde.

Ella acompaña mi ritmo, está tan cerca que parecemos amigas sin ganas de hablar. Me detengo en una estación de gasolina y la detallo esquivando miradas acosadoras. Ella es otro tipo de ranas, de las que no transpiran miedo, ni caen en las trampas.

Desciendo por las escaleras del subte C, en la estación Independencia. Camino por el largo y misterioso pasillo intentando separarme de las almas solitarias y de los pequeños grupos transnochados. Sonrío a la cámara que está a la derecha. Saco la SUBE de mi bolsillo mientras camino unos metros hacia la izquierda y miro con disimulo al segundo lente. Saludo al trabajador de metrovías y desciendo por las escaleras.

Próximo tren en tres minutos —leo mentalmente en la lejana pantalla

Detrás de la línea amarilla del andén espero a que se abra la tapa de la olla subterránea para entrar a otro miedo y cambiar la estrategia autoprotectora.

 

Tatiana Parodi

Soy una legítima heredera del realismo mágico de García Márquez. Estoy comprometida con la ficción y el helado de limón granizado. Me considero la lluvia que inspira un verso, un café amargo por la mañana y una hoguera en el infierno, por esto, escribir me sana las quemaduras, endulza los puntos finales y me ofrece silencio en la tormenta.

El más allá, por Julieta Escat

Son las cuatro y cuarto de la tarde. Estoy en el cementerio de la Chacarita. No sé bien por qué vine, pero vine. Hay mucho silencio acá. Y por ese motivo, se escuchan las conversaciones de los pájaros a un volumen muy alto. Pasan autos por adentro del cementerio, pero son pocos. Hay más personas de a pie, como yo. Es increíble que en un lugar lleno de muerte haya tanto color. Hay flores muy vivas entre las tumbas. Algunas están cubiertas por una especie de enredadera que impide ver el fondo de cemento. Sólo se puede ver en ellas, en las lápidas, el dibujo de una cruz cristiana acompañada por la leyenda de algún familiar. En otros casos, sólo hay tierra y cruces torcidas. Quizás ya no queda ahí debajo ningún cadáver. Por ahí fue cremado. O tal vez nadie pudo comprarles a esas personas unas lápidas, como al resto de los fallecidos.

 

***

 

Las nubes se están yendo, y eso le da pie al sol para hacerse notar. Ahora se ve todavía más colorido el cementerio. Me da miedo que un día tenga que volver a un lugar así pero para visitar a algún familiar. Prefiero morirme yo antes. Vine para saber si me sentía más viva que los muertos, y creo que sí, porque mientras caminaba por entre las tumbas, antes de sentarme en este banco de cemento, me dio vértigo imaginar la posibilidad de caerme, sin querer, en una de ellas. Y sentir vértigo es cosa de vivos.

 

***

 

Hay olor a pasto mojado. Será porque esta mañana llovió, y ahora con el calor del sol las plantas desprenden este aroma a humedad. Los pájaros gritan mucho en este lugar. Eso me recuerda a que hoy tuve un sueño alborotado, relacionado con los muertos. Yo me encontraba en una casa nueva y, cuando abrí el armario de puerta corrediza, salieron un montón de zombis de piel blanca. Caminaban rápido, se me venían encima. De un momento a otro aparecimos en la cocina y yo les empecé a pegar con el palo de amasar. Los liquidé uno por uno. Sentía que se me agotaban las fuerzas, pero no podía dejarme morir así como si nada, menos por unos zombis de esas características. Y cuando creí que ya no quedaba ni uno, vino el mandamás, que tenía forma de burbuja naranja. Ese era resistente a los palazos, a los sillazos, a todo. Él y yo luchábamos en igualdad de condiciones. Era como esas bombuchas de agua chiquitas que no se revientan nunca. La pelea iba a durar mucho, pensé. Hasta que, de pronto, cuando el zombi-burbuja saltó hacia mi cara, agarré la sartén con aceite hirviendo e hice que cayera adentro. Se partió en mil pedazos.

 

***

 

En este momento hay un pájaro de lomo marrón y panza amarilla apoyado sobre la tumba de Clementina Norma Malqui Sánchez. Me gusta el nombre Clementina. La lápida dice: “19.11.1961 + 17.7.2011. Q.E.P.D. Te recordaremos siempre con amor. Tu esposo e hija, e hijo”. Le pusieron flores de papel. Están un poco desgastadas. Y en la tumba, que está repleta de esa enredadera parecida al musgo, hay un cartel de mármol que dice: “Norma. En tus 50 años, te extrañamos hoy, mañana y siempre”. Qué rara es la forma que tenemos de relacionarnos con la muerte en el mundo occidental. Una vez leí que en una tribu de Papúa Nueva Guinea, los familiares de los fallecidos acostumbraban a conservar las mandíbulas de sus seres queridos para hacerse collares con ellas. Tenía un significado muy profundo para ellos, que ahora no recuerdo.

 

Estos fragmentos forman parte de la crónica El más allá.

 

Julieta Escat
Escribo para sobrevivir, para procesar el material crudo de la experiencia.
Y leo para saber que no estoy sola.